Una página invita a votar y reúne miles de respuestas. El tamaño llama la atención, pero falta una pregunta anterior: ¿cómo llegaron esas personas a la encuesta y a quién se pretende representar?
Las buenas prácticas de AAPOR distinguen muestras probabilísticas y no probabilísticas. Una encuesta online puede pertenecer a cualquiera de esos grupos; el hecho de hacerse por internet no determina por sí solo su diseño.
En una votación abierta, quienes ven la invitación y desean contestar pueden diferir de quienes no la ven o prefieren no responder. Por eso, un gran número de clics no convierte automáticamente el resultado en la opinión de toda una ciudad o de todo un país.
Lee el alcance que sí puede describirse
Un ejemplo inventado reúne 5.000 respuestas entre visitantes de una página cultural. Una descripción prudente identifica a los participantes y el modo de convocatoria. Decir que “la población ha elegido” necesitaría una justificación metodológica adicional.
Busca información sobre selección, posibles respuestas repetidas, periodo de recogida y ponderación. Si no aparece, anota lo que falta en lugar de suponer que se controló.
La encuesta puede seguir siendo interesante como participación de una comunidad o como señal de qué temas movilizan a sus lectores. Su utilidad aumenta cuando se describe con el alcance adecuado. El problema empieza cuando la presentación le atribuye una representatividad que el procedimiento publicado no permite evaluar.
La imagen ilustra el tema; no documenta este ejemplo.

